El más preciado de los bienes, el único que
escapa por completo de nuestro control, no puede comprarse, no puede ganarse,
no puede borrarse. Es omnipotente y omnipresente, y no se detiene por nada ni
por nadie. Vivimos contando en silencio los segundos y minutos de cada uno de nuestros
días, conscientes de que el contador que pusimos en marcha al nacer no parará
hasta el final. Vivimos con miedo, un miedo latente pero poderoso, un monstruo
que amenaza con cobrar fuerza en cualquier momento. Pero el peligro no reside
en el tiempo en sí, sino en el efecto que causa en nosotros su falta.
Palabras perdidas
Emociónate y escribe
No sé exactamente lo que hago, aunque supongo que una buena forma de definir este blog sería decir que contiene lo que pienso y lo que siento en el momento que aparece señalado debajo de cada entrada
viernes, 25 de septiembre de 2015
Eternamente cómodos
Es curiosa la capacidad del ser
humano para elaborar todo tipo de complejas mentiras hiper realistas que lo
salven de sí mismo. Nunca y siempre, las dos palabras más peligrosas y menos
fiables jamás pronunciadas. Es tan fácil hablar de imposibles y de nuncas
jamases, tan bonito vivir en una burbuja en la que lo que no es, no es porque
no debía ser, y las decisiones se toman a sí mismas antes incluso de que
podamos intentar evitarlo. Es curioso como las palabras se
entierran por sí solas cuando los sentimientos toman el control. La metáfora
del vaso medio lleno o medio vacío, los imposibles pronunciados con un
espejismo de certeza, los “yo nunca”, los “yo siempre”, los juramentos, las
promesas incumplidas antes incluso de llegarse a elaborar.
Tomar decisiones es la parte más
difícil de crecer, con los años estas se van haciendo más grandes, más pesadas,
más salvajes. Todas esas mentiras piadosas que vienen de serie en nuestro
vocabulario forman parte de un mapa ideal de paraísos que nos evitan tener que arriesgarnos
a luchar contra la indecisión. No sé si algún día seré capaz de
entender completamente todo esto, tampoco sé si quiero hacerlo. Hablar de todo
sin saber de mucho es fácil, lo difícil es ser conscientes de que en esto de la
vida todos estamos bastante perdidos, aunque seguirá siendo más cómodo darle la
vuelta a la almohada y seguir durmiendo.
viernes, 4 de octubre de 2013
Miedo.
Una palabra, cinco letras.
Cinco letras que separadas no
significan nada, pero que unidas forman un gigante que muchas veces tiene más
poder sobre nosotros que nosotros mismos. Es fácil catalogar el miedo como algo
que se siente sólo en contadas ocasiones, algo lejano que no aparece nada más
que en ciertos instantes de nuestras vidas. Sin embargo no es tan fácil darse
cuenta de que a veces el miedo forma una parte integral de nosotros, de que nos
domina y nos acompaña como una sombra, que está ahí cuando vamos a trabajar, al
colegio, o a la universidad, cuando queremos algo tanto que duele, cuando
tomamos una decisión difícil, al ver una película de terror, en una situación
de riesgo, cuando un estudiante espera ansioso sus notas, cuando una madre
aguarda los primeros informes de la salud de su bebé, o cuando un familiar
espera en un hospital al diagnóstico de un ser querido… El miedo es el causante
de rupturas, de muertes, de oportunidades malgastadas, de vidas desviadas, es
el culpable de que miles de personas no sean capaces de perseguir sus sueños,
de la impotencia, el dueño de mil millones de lágrimas caídas, de gritos
silenciosos, de odios, de venganzas, de mentiras, de confesiones arrancadas, de
mil cigarros encendidos con manos temblantes, de indecisiones, de traiciones.
Es curioso cómo una cosa tan
sencilla, con sus únicas cinco letras, un microbio en un inmenso diccionario,
algo que no existiría sin nosotros, es capaz de marcar nuestra existencia.
Actúa con sigilo, nos acecha, nos persigue, nos debilita, nos absorbe, nos
controla, nos desarma. Pero a pesar de esto, hay una buena noticia, el miedo no
es invencible, no es perpetuo, no es inmortal, y al igual que una enfermedad,
se puede tratar, y se puede erradicar. Todos tenemos miedos, infinidad de
miedos que están ahí con nosotros hasta que en algún momento decimos basta, y
en caso de que no podamos decir basta, hay otra buena noticia. La otra buena
noticia es que compensamos el dejarnos engañar y manejar por ese cabrón al que
llamamos miedo, rodeándonos de personas que lo ahuyentan, que nos dan la mano
cuando tememos la oscuridad, y que aguardan con nosotros en la sala de espera a
las noticias del médico, que nos hacen reír durante la peli, o nos dicen que
todo irá bien incluso cuando tienen más miedo que nosotros mismos. La amistad,
el amor, la confianza, todo lo que nos hace felices nos permite combatir el
miedo y seguir adelante, y por eso es por lo que vivir sigue mereciendo la
pena, a pesar de ser un viaje lleno de trampas, altibajos y temores.
martes, 23 de julio de 2013
Que sonriamos con orgullo satisfechos
Que sí, que la vida no es todo
alegría y color, que la vida es mala, y a veces incluso demasiado cruel y
blablablá, el rollo de siempre. Pero, después de todo, yo estoy segura de que
nadie se arrepiente de vivir, porque no vivir habría sido mucho peor, entonces,
por muy puta que la vida parezca a veces, tiene que tener algo bueno, ¿no? Si
no, no habría miles de millones de tontos deseando vivirla. Entonces si existe
algo que hace que la vida merezca la pena, por qué malgastar algo tan preciado
como es el tiempo, haciendo lo que no quieres, queriendo a quien no le
importas, sonriendo cuando estas triste y aguantando solo toda la mierda que se
te viene encima. ¿Y si se acabase todo mañana? ¿Si supieses que solo te queda
un día de vida? ¿Qué harías? ¿Malgastarías a caso un solo segundo de ese tiempo
en algo que no mereciese totalmente la pena? No, nadie lo haría, lo sé porque
yo tampoco lo haría, porque debemos vivir nuestras vidas como si no hubiese
un mañana, todos y cada uno de nosotros deberíamos experimentar en nuestro
último aliento esa sensación de haber cumplido, de haber logrado pasar por esta
vida y haber disfrutado de ella lo máximo posible, de haber saboreado el amor,
el dolor, la superación, la pérdida, la felicidad. Supongo que siempre quedarán
aquellas cosas que siempre nos habría gustado hacer y nunca pudimos, pero
hagamos que al ver esa “película” de nuestras vidas pasar por delante de
nuestros ojos al final de todo lo vivido, sonriamos con orgullo satisfechos.
No sin ti
Un suspiro, una caricia, un beso,
una lágrima, un adiós, un sueño. Me levanto despacito y vuelvo a respirar, poco
a poco voy volviendo a esta amarga realidad. Un recuerdo de una historia va
volviendo a mi memoria sin querer. Inspiro, despacio, y este aire triste me
hace daño. Espiro, con cuidado, tratando de dormir de nuevo, de volver al
sueño, de perder el miedo, de escapar de aquí de nuevo. Felicidad, esa palabra
me persigue todo el rato, me asusta, me golpea con fuerza. La recuerdo todavía,
hace un tiempo la tenia, pero hace mucho la perdí y ya no vuelve, no quiere, no
puede, no la dejo, no sin ti.
Una página en blanco, un intento de encontrar felicidad
Hay veces en que la vida se
asemeja a un libro en blanco. Es en los momentos en los que te paras a pensar y
echas un vistazo a todo lo que tienes detrás de ti en los que se observa esta
similitud. Y en esos momentos es cuando decides poner punto y aparte, pasar la
página, y escribir otra vez desde el principio. Una de las mejores cosas que
tiene la vida es que nos entrega tantas oportunidades como necesitemos siempre
y cuando sepamos verlas y aprovecharlas, por muy malo que haya sido todo o por
muchos errores que se hayan cometido, todos podemos pasar página, dejar atrás aquello
que no nos gusta o lo que nos hace sufrir, y reescribir nuestra historia, reescribirla
mejor, más adecuada, más alocada, más sensata, más viva. Cada uno de nosotros
tenemos en nuestras manos el poder de escribir nuestra historia, y de escribir
una nueva historia si no nos convence la anterior. Dicho así suena fácil,
seguramente poca gente se dé cuenta de que todo lo que en realidad necesitamos
para ser felices está en nuestras manos, pues nadie conoce mejor la forma de
llegar a nuestra felicidad que nosotros mismos. La felicidad no es algo
abstracto, algo igual para todo el mundo, la felicidad varía con cada persona,
como sentimiento que es, al igual que no todo el mundo ama igual, ni ve de la
misma forma la amistad o el honor, no todo el mundo es feliz de la misma
manera. Quizá la felicidad de una madre sea la felicidad de sus hijos, la de un
enamorado el ser correspondido, la de un niño sus juguetes y los mimos de sus
padres, la de un abuelo las visitas de sus nietos, la de un soldado el bien de
su nación. El error está en buscar la felicidad como ese ideal inalcanzable del
que hablan tantas historias, sin darse cuenta de que eso es algo imposible de
alcanzar, no porque no exista, sino porque esa felicidad tal vez no sea la
nuestra, la adecuada para nosotros.
domingo, 20 de enero de 2013
¿Y si hubiese…?
¿Sabéis esos momentos en los que
te paras a pensar, en todo y en todos, echas un vistazo atrás y realmente
asusta lo rápido y lo mucho que cambia todo a tu alrededor? Algunas veces duele
más y otras duele menos pero una vez que vuelves la vista atrás y recuperas
todos esos recuerdos encerrados, todo lo que te empeñaste en esconder en algún
rincón oscuro siguiendo adelante sin más, ya no puedes seguir como si nada.
Todas las mentiras, las falsas promesas, los fracasos, las lagrimas. Y diréis,
vaya idiota pesimista y deprimida que solo dice cosas malas, ¿no? Pero es que
es la verdad, somos así, cuanto más daño nos podamos causar, mejor. Si una cosa
es fácil, la convertimos en difícil y de lo difícil creamos imposibles. No diré
eso de que nada es imposible, menuda tontería, por supuesto que hay cosas
imposibles, pero no podemos hacer lo que tendemos a hacer, que es poner los
imposibles como escusa para no tener que afrontar aquello que nos asusta, para
no plantarle cara al miedo. Muchas oportunidades se pierden, muchos sueños se
rompen, los amigos se distancian y al final nada es lo mismo. Y ¿por qué? Por
miedo. Somos cobardes, cobardes por no perseguir lo que queremos por miedo a no
alcanzarlo, por dejar de lado nuestros sueños, nuestras ambiciones, nuestras metas
y propósitos. Y lo peor de todo es que después nos toca quedarnos solos con la
duda. Con una pregunta que no nos dejará: ¿Y si hubiese…?
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