Emociónate y escribe

No sé exactamente lo que hago, aunque supongo que una buena forma de definir este blog sería decir que contiene lo que pienso y lo que siento en el momento que aparece señalado debajo de cada entrada

domingo, 20 de enero de 2013

¿Y si hubiese…?


¿Sabéis esos momentos en los que te paras a pensar, en todo y en todos, echas un vistazo atrás y realmente asusta lo rápido y lo mucho que cambia todo a tu alrededor? Algunas veces duele más y otras duele menos pero una vez que vuelves la vista atrás y recuperas todos esos recuerdos encerrados, todo lo que te empeñaste en esconder en algún rincón oscuro siguiendo adelante sin más, ya no puedes seguir como si nada. Todas las mentiras, las falsas promesas, los fracasos, las lagrimas. Y diréis, vaya idiota pesimista y deprimida que solo dice cosas malas, ¿no? Pero es que es la verdad, somos así, cuanto más daño nos podamos causar, mejor. Si una cosa es fácil, la convertimos en difícil y de lo difícil creamos imposibles. No diré eso de que nada es imposible, menuda tontería, por supuesto que hay cosas imposibles, pero no podemos hacer lo que tendemos a hacer, que es poner los imposibles como escusa para no tener que afrontar aquello que nos asusta, para no plantarle cara al miedo. Muchas oportunidades se pierden, muchos sueños se rompen, los amigos se distancian y al final nada es lo mismo. Y ¿por qué? Por miedo. Somos cobardes, cobardes por no perseguir lo que queremos por miedo a no alcanzarlo, por dejar de lado nuestros sueños, nuestras ambiciones, nuestras metas y propósitos. Y lo peor de todo es que después nos toca quedarnos solos con la duda. Con una pregunta que no nos dejará: ¿Y si hubiese…?

lunes, 7 de enero de 2013

Promesas.

¿No odiáis esas promesas tontas? ¿Esas promesas falsas que no llegan nunca a ser? A veces aunque no lo hagamos con mala intención nuestras ganas nos traicionan o nos puede la emoción y prometemos cosas que no sabemos si se cumplirán o si se pueden llegar a cumplir. Todo marcha bien hasta que el prometido es consciente de que esa promesa que le había ilusionado se ha convertido en un mero recuerdo que ni es ni será nunca, y esto duele, duele darse cuenta de que las cosas cambian, de que las personas cambiamos, de que es difícil hacer una promesa y cumplirla, aunque nuestra intención no sea la de hacer daño. Somos así, diremos una y mil veces ‘te prometo…’ porque somos impulsivos, somos egoístas y muchas veces, y esto es algo que nos pude hacer mucho daño, no pensamos en absoluto las cosas que decimos, ni como pueden estas afectarnos o afectar a otros en un tiempo. Y solo cuando el daño ya está hecho, cuando las lagrimas ya han caído, cuando ya se ha roto el corazón, nos damos cuenta de que somos unos tontos caprichosos, pero no sirve de nada, porque una y otra vez volveremos a caer.