Que sí, que la vida no es todo
alegría y color, que la vida es mala, y a veces incluso demasiado cruel y
blablablá, el rollo de siempre. Pero, después de todo, yo estoy segura de que
nadie se arrepiente de vivir, porque no vivir habría sido mucho peor, entonces,
por muy puta que la vida parezca a veces, tiene que tener algo bueno, ¿no? Si
no, no habría miles de millones de tontos deseando vivirla. Entonces si existe
algo que hace que la vida merezca la pena, por qué malgastar algo tan preciado
como es el tiempo, haciendo lo que no quieres, queriendo a quien no le
importas, sonriendo cuando estas triste y aguantando solo toda la mierda que se
te viene encima. ¿Y si se acabase todo mañana? ¿Si supieses que solo te queda
un día de vida? ¿Qué harías? ¿Malgastarías a caso un solo segundo de ese tiempo
en algo que no mereciese totalmente la pena? No, nadie lo haría, lo sé porque
yo tampoco lo haría, porque debemos vivir nuestras vidas como si no hubiese
un mañana, todos y cada uno de nosotros deberíamos experimentar en nuestro
último aliento esa sensación de haber cumplido, de haber logrado pasar por esta
vida y haber disfrutado de ella lo máximo posible, de haber saboreado el amor,
el dolor, la superación, la pérdida, la felicidad. Supongo que siempre quedarán
aquellas cosas que siempre nos habría gustado hacer y nunca pudimos, pero
hagamos que al ver esa “película” de nuestras vidas pasar por delante de
nuestros ojos al final de todo lo vivido, sonriamos con orgullo satisfechos.
Emociónate y escribe
No sé exactamente lo que hago, aunque supongo que una buena forma de definir este blog sería decir que contiene lo que pienso y lo que siento en el momento que aparece señalado debajo de cada entrada
martes, 23 de julio de 2013
No sin ti
Un suspiro, una caricia, un beso,
una lágrima, un adiós, un sueño. Me levanto despacito y vuelvo a respirar, poco
a poco voy volviendo a esta amarga realidad. Un recuerdo de una historia va
volviendo a mi memoria sin querer. Inspiro, despacio, y este aire triste me
hace daño. Espiro, con cuidado, tratando de dormir de nuevo, de volver al
sueño, de perder el miedo, de escapar de aquí de nuevo. Felicidad, esa palabra
me persigue todo el rato, me asusta, me golpea con fuerza. La recuerdo todavía,
hace un tiempo la tenia, pero hace mucho la perdí y ya no vuelve, no quiere, no
puede, no la dejo, no sin ti.
Una página en blanco, un intento de encontrar felicidad
Hay veces en que la vida se
asemeja a un libro en blanco. Es en los momentos en los que te paras a pensar y
echas un vistazo a todo lo que tienes detrás de ti en los que se observa esta
similitud. Y en esos momentos es cuando decides poner punto y aparte, pasar la
página, y escribir otra vez desde el principio. Una de las mejores cosas que
tiene la vida es que nos entrega tantas oportunidades como necesitemos siempre
y cuando sepamos verlas y aprovecharlas, por muy malo que haya sido todo o por
muchos errores que se hayan cometido, todos podemos pasar página, dejar atrás aquello
que no nos gusta o lo que nos hace sufrir, y reescribir nuestra historia, reescribirla
mejor, más adecuada, más alocada, más sensata, más viva. Cada uno de nosotros
tenemos en nuestras manos el poder de escribir nuestra historia, y de escribir
una nueva historia si no nos convence la anterior. Dicho así suena fácil,
seguramente poca gente se dé cuenta de que todo lo que en realidad necesitamos
para ser felices está en nuestras manos, pues nadie conoce mejor la forma de
llegar a nuestra felicidad que nosotros mismos. La felicidad no es algo
abstracto, algo igual para todo el mundo, la felicidad varía con cada persona,
como sentimiento que es, al igual que no todo el mundo ama igual, ni ve de la
misma forma la amistad o el honor, no todo el mundo es feliz de la misma
manera. Quizá la felicidad de una madre sea la felicidad de sus hijos, la de un
enamorado el ser correspondido, la de un niño sus juguetes y los mimos de sus
padres, la de un abuelo las visitas de sus nietos, la de un soldado el bien de
su nación. El error está en buscar la felicidad como ese ideal inalcanzable del
que hablan tantas historias, sin darse cuenta de que eso es algo imposible de
alcanzar, no porque no exista, sino porque esa felicidad tal vez no sea la
nuestra, la adecuada para nosotros.
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