Hay veces en que la vida se
asemeja a un libro en blanco. Es en los momentos en los que te paras a pensar y
echas un vistazo a todo lo que tienes detrás de ti en los que se observa esta
similitud. Y en esos momentos es cuando decides poner punto y aparte, pasar la
página, y escribir otra vez desde el principio. Una de las mejores cosas que
tiene la vida es que nos entrega tantas oportunidades como necesitemos siempre
y cuando sepamos verlas y aprovecharlas, por muy malo que haya sido todo o por
muchos errores que se hayan cometido, todos podemos pasar página, dejar atrás aquello
que no nos gusta o lo que nos hace sufrir, y reescribir nuestra historia, reescribirla
mejor, más adecuada, más alocada, más sensata, más viva. Cada uno de nosotros
tenemos en nuestras manos el poder de escribir nuestra historia, y de escribir
una nueva historia si no nos convence la anterior. Dicho así suena fácil,
seguramente poca gente se dé cuenta de que todo lo que en realidad necesitamos
para ser felices está en nuestras manos, pues nadie conoce mejor la forma de
llegar a nuestra felicidad que nosotros mismos. La felicidad no es algo
abstracto, algo igual para todo el mundo, la felicidad varía con cada persona,
como sentimiento que es, al igual que no todo el mundo ama igual, ni ve de la
misma forma la amistad o el honor, no todo el mundo es feliz de la misma
manera. Quizá la felicidad de una madre sea la felicidad de sus hijos, la de un
enamorado el ser correspondido, la de un niño sus juguetes y los mimos de sus
padres, la de un abuelo las visitas de sus nietos, la de un soldado el bien de
su nación. El error está en buscar la felicidad como ese ideal inalcanzable del
que hablan tantas historias, sin darse cuenta de que eso es algo imposible de
alcanzar, no porque no exista, sino porque esa felicidad tal vez no sea la
nuestra, la adecuada para nosotros.
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