Emociónate y escribe

No sé exactamente lo que hago, aunque supongo que una buena forma de definir este blog sería decir que contiene lo que pienso y lo que siento en el momento que aparece señalado debajo de cada entrada

viernes, 4 de octubre de 2013

Miedo.


Una palabra, cinco letras.
Cinco letras que separadas no significan nada, pero que unidas forman un gigante que muchas veces tiene más poder sobre nosotros que nosotros mismos. Es fácil catalogar el miedo como algo que se siente sólo en contadas ocasiones, algo lejano que no aparece nada más que en ciertos instantes de nuestras vidas. Sin embargo no es tan fácil darse cuenta de que a veces el miedo forma una parte integral de nosotros, de que nos domina y nos acompaña como una sombra, que está ahí cuando vamos a trabajar, al colegio, o a la universidad, cuando queremos algo tanto que duele, cuando tomamos una decisión difícil, al ver una película de terror, en una situación de riesgo, cuando un estudiante espera ansioso sus notas, cuando una madre aguarda los primeros informes de la salud de su bebé, o cuando un familiar espera en un hospital al diagnóstico de un ser querido… El miedo es el causante de rupturas, de muertes, de oportunidades malgastadas, de vidas desviadas, es el culpable de que miles de personas no sean capaces de perseguir sus sueños, de la impotencia, el dueño de mil millones de lágrimas caídas, de gritos silenciosos, de odios, de venganzas, de mentiras, de confesiones arrancadas, de mil cigarros encendidos con manos temblantes, de indecisiones, de traiciones.
Es curioso cómo una cosa tan sencilla, con sus únicas cinco letras, un microbio en un inmenso diccionario, algo que no existiría sin nosotros, es capaz de marcar nuestra existencia. Actúa con sigilo, nos acecha, nos persigue, nos debilita, nos absorbe, nos controla, nos desarma. Pero a pesar de esto, hay una buena noticia, el miedo no es invencible, no es perpetuo, no es inmortal, y al igual que una enfermedad, se puede tratar, y se puede erradicar. Todos tenemos miedos, infinidad de miedos que están ahí con nosotros hasta que en algún momento decimos basta, y en caso de que no podamos decir basta, hay otra buena noticia. La otra buena noticia es que compensamos el dejarnos engañar y manejar por ese cabrón al que llamamos miedo, rodeándonos de personas que lo ahuyentan, que nos dan la mano cuando tememos la oscuridad, y que aguardan con nosotros en la sala de espera a las noticias del médico, que nos hacen reír durante la peli, o nos dicen que todo irá bien incluso cuando tienen más miedo que nosotros mismos. La amistad, el amor, la confianza, todo lo que nos hace felices nos permite combatir el miedo y seguir adelante, y por eso es por lo que vivir sigue mereciendo la pena, a pesar de ser un viaje lleno de trampas, altibajos y temores.

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